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lunes, 13 de octubre de 2008

Sobre palos y velas

No voy a hablar de mujeres maltratadas ni de maltratadores.


No voy a generalizar ni voy a compadecer a nadie.


Sólo me alegro que Jesús Neyra se esté recuperando y que todavía existan hombres como él en esta sociedad indolente y egoísta...


En cuanto a la "individua" a la que quiso ayudar, dejo que hable mi amigo Reverte...


PATENTE DE CORSO


Sobre palos y velas


ARTURO PÉREZ-REVERTE XLSemanal 21 de Septiembre de 2008


El asunto es conocido, así que ahorro nombres y detalles: un caballero acude en socorro de una mujer a la que maltratan, el maltratador le da una paliza que lo deja a las puertas de la muerte, y la maltratada se pone de parte del maltratador. En el fondo es buen chaval, argumenta la churri. A ver quién le ha dado al otro vela en el entierro.


Algunos creerán que eso es raro, pero no lo es. El arriba firmante, por ejemplo, tuvo en otro tiempo oportunidad de presenciar dos situaciones parecidas, una como testigo y otra como estrella invitada, a medias con el rey del trile, Ángel Ejarque Calvo. La primera fue durante un reportaje nocturno en los barrios duros madrileños, allá por los ochenta. Avisada la policía de que un tío le estaba dando a su legítima las suyas y las del pulpo, acudió una patrulla. Y cuando redujeron al fulano, poniéndole unas esposas, la mujer, a la que el otro había puesto la cara guapa, se revolvió como una fiera contra los maderos. «¡Dejadlo, dejadlo, hijos de puta! –gritaba desgañitándose–. ¡Dejadlo!»


jueves, 14 de agosto de 2008

Ni el ser humano es extraordinario...


...por mucho que lo diga una marca de refresco, ni hay mayor verdad que "la estupidez humana es infinita", como decía Eistein...

Me podréis llamar cinica o desconfiada o cascarrabias... o lo que sea... solo hablo desde mi experiencia, y digo que estoy totalmente de acuerdo con el Sr. Reverte (de nuevo). Y, aunque no soy demasiado mayor, los años me han enseñado que el que se pueda beneficiar a tu costa, lo hará, y no tendrá miramientos, y si además te viene con una sonrisa y una palabra bonita, será mucho peor, así que vete preparando... luego no digas que no te lo adverti...


Vístete de novia, y no corras
ARTURO PÉREZ-REVERTE XLSemanal 8 de Junio de 2008

Me van a volver diabético, entre tanto gilipollas. Nunca hubo tal cantidad de soplacirios en la política, el sindicalismo, la cultura, el feminismo, la sociedad. Empieza a alterarme la salud tanto buen rollo y buenas intenciones, tanta mermelada a todas horas, tanta propuesta de besarnos masivamente en la boca para que las cosas vayan bien, tanta certeza de que con demagogia y corderitos de Norit triscando saltarines por el prado conseguiremos una España, un mundo, un universo mejor y más justo. Eso está bien para los jóvenes, cuya obligación antropológica, por edad y hormonas, es batirse en defensa de todo eso y de algunas cosas más. En tales lides se desbrava uno, y con el derroche de energía, si sobrevives a ello, y con la estiba que la realidad sacude en el morro, al final terminas madurando, camino de la serenidad, la experiencia y el razonable respeto a ti mismo, a lo que fuiste, eres y acabarás siendo. Ni más ni menos que la vida, en suma. El trámite obligatorio. Por eso me hace echar la pota el comportamiento y discurso de tanto simple, de tanto cantamañanas y de tanto golfo apandador entrado ya en experiencia y años. Toparte en cada telediario, en cada programa de radio, en cada titular de prensa, con simplezas propias de colegas de bachillerato dichas por pavos con canas en la barba, o por tordas con edad de ser abuelas, lleva a la inevitable conclusión de que, o estamos rodeados de retrasados mentales, o se trata de que los resortes sociales han sido secuestrados por una legión de embusteros y sinvergüenzas. Aunque también puede ocurrir que todo sea lo mismo: con frecuencia, un tonto al que nadie pone límites termina convirtiéndose, por puro hábito del ejercicio, en resabiado y contumaz sinvergüenza. Y más cuando, como ocurre ahora con triste frecuencia –antes sólo ocurría con la política–, es posible hacer de cualquier ideología un rentable medio de vida.