somewhere i have never travelled,gladly beyond any experience,your eyes have their silence: in your most frail gesture are things which enclose me, or which i cannot touch because they are too near
your slightest look will easily unclose me though i have closed myself as fingers, you open always petal by petal myself as Spring opens (touching skilfully,mysteriously)her first rose
or if your wish be to close me, i and my life will shut very beautifully ,suddenly, as when the heart of this flower imagines the snow carefully everywhere descending; nothing which we are to perceive in this world equals the power of your intense fragility:whose texture compels me with the color of its countries, rendering death and forever with each breathing
(i do not know what it is about you that closes and opens;only something in me understands the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody,not even the rain,has such small hands
En algún lugar al que nunca he viajado, felizmente, más allá
de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio: En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas. Aunque yo me haya cerrado como un puño, siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser, como la primavera abre
(con un toque diestro y misterioso) su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos hermosa, súbitamente, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve cayendo cuidadosa por doquier; nada que hayamos de percibir en este mundo iguala la fuerza de tu intensa fragilidad: cuya textura me somete con el color de sus campos, retornando a la muerte y a la eternidad con cada respiro.
(Ignoro tu destreza para cerrar y abrir pero, cierto es que algo me dice que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas…)
Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.
Nene, he pensado algo mejor que irnos a vivir al campo como Arias Montano... yo me voy a convertir en isla, y que me dejen tranquila... ;)
Aunque estoy a punto de renacer no lo proclamaré a los cuatro vientos ni me sentiré un elegido: sólo me tocó en suerte, y lo acepto porque no está en mi mano negarme, y sería por otra parte una descortesía que un hombre distinguido jamás haría. Se me ha anunciado que mañana, a las siete y seis minutos de la tarde, me convertiré en una isla, isla como suelen ser las islas. Mis piernas se irán haciendo tierra y mar, y poco a poco, igual que un andante chopiniano, empezarán a salirme árboles en los brazos, rosas en los ojos y arena en el pecho. En la boca las palabras morirán para que el viento a su deseo pueda ulular. Después, tendido como suelen hacer hacer las islas, miraré fijamente al horizonte, veré salir el sol, la luna, y lejos ya de la inquietud, diré muy bajito: ¿así que era verdad?
Pienso en tus manos y corre el tiempo... tus manos...
oigo música de triste bandoneón y pienso en tus manos, dulces e indefensas...
dulces manos
indefensas
espejo de tu interior revuelto y turbio
o no...
espejo de mi interior revuelto y atormentado
por tus manos.
Y me quedo en tus manos cuando te pienso
me obligo
a quedarme en tus manos,
porque, ¡ay de mí si pienso en tu boca..!
no, no
quiero quedarme sólo en tus manos, grandes (pequeñas)
suaves (duras)
tiernas
nerviosas
retorciendo las espirales de humo de mi cuerpo oscuro...
marcando el compás..
compás de tus manos que sigue mi cuerpo
desde el otro lado de la habitación,
haz una señal y seguiré tus pasos...
animal enjaulado esperando la huida...
déjame salir...
tengo un cuerpo de humo...
mi cuerpo se hace humo para ti
para tus manos
humo retorcido
manos retorcidas
música de bandoneón
y el humo...
martes, 13 de mayo de 2008
LA ZORRA Y LAS UVAS
Es voz común que a más del mediodía, en ayunas la zorra iba cazando; halla una parra; quédase mirando de la alta vid el fruto que pendía.
Causábale mil ansias y congojas no alcanzar a las uvas con la garra, al mostrar a sus dientes la alta parra negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaturas; pero vio el imposible ya de fijo. Entonces fue cuando la zorra dijo: --No las quiero comer. No están maduras.
Félix María Samaniego
lunes, 21 de abril de 2008
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar.
Nunca persequí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar donde hoy los bosques se visten de espinos se oyó la voz de un poeta gritar "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso... Murió el poeta lejos del hogar. Le cubre el polvo de un país vecino. Al alejarse le vieron llorar. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
Golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede cantar. Cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."